miércoles, 20 de febrero de 2013

7. La guerra del fuego


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Ficha Tecnica

Titulo: La guerra del fuego, La guerre du feu (Quest for Fire)
Genero: Aventure, Drama, Historia
Director: Jean-Jacques Annaud
Reparto: Everett McGill, Rae Dawn Chong, Ron Perlman, Nameer El-Kadi, Gary Schwartz
Duración: 01h-35min aprox
Idioma: Ingles con Subtítulos
Tamaño: 360 MB aprox
Formato: Rmvb
Contraseña: http://www.dpelicula.net/
Calidad: Excelente





Sinopsis

Los Ulam han sido expulsados de sus cavernas. Conocían la existencia del fuego y su mantenimiento pero no sabían crearlo, por ello cuando un miembro del clan resbala y cae al agua apagando el fuego, la tribu ve amenazada su existencia, ya que dependen del fuego para calentarse y defenderse de los animales. Tres jóvenes guerreros son los encargados de partir en busca de la llama que pueda salvar a la tribu, llevándolos a sufrir múltiples peligros a través de un mundo hostil y de esta forma lograr, en el transcurso de su travesía, aprender lo suficiente como para permitir la supervivencia de su especie.

Hace 80.000 años la supervivencia del hombre en una tierra inexplorada y desconocida dependía de la posesión del fuego. Los Ulam, protagonistas de la epopeya, son hombres de Neanderthal, homínidos que convivieron con los humanos modernos (Homo sapiens). Hacia el final de la película se muestra una relación entre ambas especies.

Durante toda la película sus personajes se comunican por medio de gestos y con un lenguaje gutural creado para la ocasión por Anthony Burgess. Ganó el Oscar al mejor maquillaje y el Premios César a la mejor película.

lunes, 11 de febrero de 2013

6. Dios te salve

Director: John Deery   


Dios te Salve (Conspiracy of Silence)

El celibato dentro de la Iglesia Católica, un tema espinoso y controversial, pero de gran actualidad, es tratado con acierto en esta pelí­cula del Reino Unido (2003) sin ánimo de causar escándalo, sino sólo exponiendo hechos sin tomar partido.La repuitación de la Iglesia Católica irlandesa corre peligro debido a dos hechos muy desafortunados: el suicidio del Párroco Frank Sweeney, y la expulsión del joven sacerdote Daniel McLaughlin (Jonathan Forbes) de un seminario cercano, que se rumora fué debido a aceptar avances de interés sexual de un compañero. El periodista David Foley (Jason Barry) piensa que ambos casos están relacionados, y en su investigación busca a McLaughlin. Este asegura se está cometiendo una injusticia, y deseoso de limpiar su nombre e intentar ser reinstalado, cuenta su versión de la historia al periodista e inician una cruzada contra la intolerancia. Pero también la Iglesia desea  conservar su reputación y no se quedará cruzada de brazos.


Reseña de “La Jornada”: Dios te salve

"La Iglesia tiene sida". Con esta frase lapidaria da inicio el primer largometraje del irlandés John Deery, Dios te salve (The conspiracy of silence). La frase figura en una pancarta exhibida en un concilio del Vaticano, y quien la levanta en medio de un gran tumulto de sotanas es un sacerdote infectado con el virus del sida. Ese mismo padre, Sweeney, se suicidará poco después, no sin haber preguntado en aquella ocasión a los demás sacerdotes, en voz muy alta, ¿cuántos de ustedes son portadores del virus? Tres años después, en un pequeño poblado irlandés, un joven novicio, Daniel McLaughlin (Jonathan Forbes) es expulsado de un seminario católico bajo la sospecha infundada de haber tenido prácticas homosexuales. David Foley (Jason Barry), periodista de un diario local, se interesa en el asunto, emprende una investigación junto con Daniel, y la completa evocando el caso del fallecido padre Sweeney. El propósito es reinstalar al joven McLaughlin en el seminario y denunciar, de paso, la actitud intolerante de la jerarquía eclesiástica.
Esta semana la cartelera comercial muestra dos claros fracasos de las viejas políticas de censura. La cinta del inglés Michael Winterbottom, Nueve orgasmos (Nine songs), con sus largas secuencias de sexo explícito, no se proyecta ya en el circuito marginal de los viejos cines porno. La calidad de la cinta, la reputación del autor cineasta, su trayectoria por festivales internacionales, ciertamente contribuyen al barniz artístico que en algo facilita su distribución masiva. El caso de Dios te salve es también elocuente. Si bien es cierto que hace pocos años pudo exhibirse En el nombre del padre (The Magdalene sisters), de Peter Mullan, y Amén, de Costa Gavras, y también la mexicana El crimen del padre Amaro, de Carlos Carrera, cintas muy incómodas para la jerarquía católica, también lo es que hacia 1994 no pudo de modo alguno proyectarse (¿por presiones comerciales, por autocensura de distribuidores?), una película notable de la británica Antonia Bird, Sacerdote (Priest), misma que hoy sólo es posible procurarse en video, que aborda un tema muy parecido al de Dios te salve, aunque con una dirección, un punto de vista y actuaciones realmente superiores. En Sacerdote un cura católico abiertamente homosexual lucha exitosamente por su derecho a ejercer su vocación, exponiendo de paso la doble moral que encubre la violencia sexual de un padre de familia contra su propia hija.
En Dios te salve el sida es en realidad un tema tangencial, apenas desarrollado, y lo que se señala con mayor detenimiento son los estragos morales, físicos y sicológicos que provoca en muchos sacerdotes la persistencia del dogma que obliga al celibato. Admitir la incidencia del VIH entre sacerdotes sería una admisión implícita de la existencia de prácticas homosexuales en el clero, pero -señala la película- condenar al cuerpo eclesiástico a una castidad férrea es propiciar actos de pedofilia que han llegado a saturar las páginas de muchos diarios, y el vergonzoso encubrimiento de las autoridades clericales más prominentes. Dios te salve combina la trama de suspenso y el melodrama, sin evitar un gusto por el sensacionalismo en un debate televisivo al borde del reality show. Procura también un equilibrio entre figuras liberales de la jerarquía católica y villanos de hipocresía moral insondable, como el obispo Michael Quinn (Jim Norton), siempre torvo y detestable, y presenta al protagonista injustamente expulsado como un modelo de virtud incorruptible, apuesto arcángel cristiano en lucha contra los demonios del fanatismo religioso. Con todas sus buenas intenciones, el realizador John Deery no puede evitar el mensaje de tinta gruesa, como en esa escena del suicidio del padre Sweeney, salpicando en la pared, con sangre y detritus cerebrales, una imagen del Papa en turno. Pese a sus limitaciones narrativas y a su realización cercana al estilo de una teleserie, Dios te salve realiza un esfuerzo notable por ilustrar su tesis central, tan necesaria. Ese pretendido "sida en la Iglesia" al que alude la cinta al inicio, pareciera ser un conocido Síndrome de Intolerancia y Desvaríos Arcaicos, el mismo que orilla a un sacerdote liberal a exclamar: "No podemos seguir negando nuestra sexualidad. La Iglesia tiene que evolucionar. El celibato nos está matando".

5. Ágora



TÍTULO ORIGINAL
Ágora
AÑO
2009
DURACIÓN
126 min.
PAÍS
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DIRECTOR
GUIÓN
Alejandro Amenábar, Mateo Gil
MÚSICA
Dario Marianelli
FOTOGRAFÍA
Xavi Giménez
REPARTO
PRODUCTORA
Telecinco Cinema / Mop Producciones / Himenóptero
WEB OFICIAL
PREMIOS
2009: 7 Premios Goya, incluyendo mejor guión original y fotografía. 13 nominaciones
GÉNERO
SINOPSIS
En el siglo IV, Egipto era una provincia del Imperio Romano. La ciudad más importante, Alejandría, se había convertido en el último baluarte de la cultura frente a un mundo en crisis, dominado por la confusión y la violencia. En el año 391, hordas de fanáticos se ensañaron con la legendaria biblioteca de Alejandría. Atrapada tras sus muros, la brillante astrónoma Hypatia (Rachel Weisz), filósofa y atea, lucha por salvar la sabiduría del mundo antiguo, sin percibir que su joven esclavo Davo se debate entre el amor que le profesa en secreto y la libertad que podría alcanzar uniéndose al imparable ascenso del Cristianismo. (FILMAFFINITY)



4. La misión

 

La misión
TÍTULO ORIGINAL
The Mission
AÑO
1986
DURACIÓN
125 min.
PAÍS

DIRECTOR
GUIÓN
Robert Bolt
MÚSICA
Ennio Morricone
FOTOGRAFÍA
Chris Menges
REPARTO
PRODUCTORA
Warner Bros. Pictures. Productor: David Puttnam
PREMIOS
1986: Oscar: Mejor fotografía. 7 Nominaciones
1986: Festival de Cannes: Palma de Oro (Mejor película) y Premio Técnico
1986: Premios David di Donatello: Mejor productor extranjero. 3 nominaciones

SINOPSIS
Hispanoamérica, siglo XVIII. La acción se desarrolla en la jungla tropical próxima a las cataratas de Iguazú. Allí un misionero jesuita, el padre Gabriel (Jeremy Irons), sigue el ejemplo de un jesuita crucificado, sin más armas que su fe y una flauta. Al ser aceptado por los indios guaraníes, Gabriel crea la misión de San Carlos. Entre sus seguidores está Rodrigo Mendoza (Robert De Niro), ex-traficante de esclavos, mercenario y asesino, que se hace jesuita y encuentra la redención entre sus antiguas víctimas. Después de luchar juntos durante años, se enfrentan a causa de la independencia de los nativos: Gabriel confía en el poder de la oración; Rodrigo, en la fuerza de la espada. (FILMAFFINITY)

3. Amén


TÍTULO ORIGINAL
Amén.
AÑO
2002
DURACIÓN
132 min.
PAÍS
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DIRECTOR
GUIÓN
Constantin Costa-Gavras & Jean-Claude Grumberg
MÚSICA
Armand Amar
FOTOGRAFÍA
Patrick Blossier
REPARTO
PRODUCTORA
TF1 Films Production
PREMIOS
2002: Festival de Berlín: Sección oficial de largometrajes
GÉNERO
SINOPSIS
Dos sistemas: por una parte, la maquinaria nazi y, por otra, la diplomacia del Vaticano y de los Aliados. Pero dos hombres luchan desde dentro. El primero es Kurt Gerstein (personaje real), químico y miembro de las SS que se encarga de suministrar el gas Ziklon B a los campos de la muerte. Pero eso no le impide denunciar los crímenes nazis a los aliados, al Papa e incluso a los miembros de la Iglesia alemana a la que pertenece, jugándose de este modo su vida y la de su familia. El segundo, Ricardo, es un joven jesuita que representa a todos los sacerdotes que supieron oponerse a la barbarie, pagando muchas veces con su propia vida. Kurt Gerstein sabía lo que estaba ocurriendo y quería que el mundo entero también lo supiera. La película denuncia la indiferencia de todos aquellos que sabían lo que estaba pasando y decidieron callarse. (FILMAFFINITY)


domingo, 10 de febrero de 2013

2. La naranja mecánica




Título original: A Clockwork Orange Stanley Kubrick / Estados Unidos / 1971 
Títnley Kubrick / Estados Unidos / 1971



Reseña y ensayo breve del film.

Experimentos psicológicos y consentimiento informado

Alex es un joven que dedica sus días a maltratar, agredir, y lastimar gente con su grupo de amigos sin ninguna otra razón aparente más que la del puro goce. En uno de los ataques, Alex asesina a una mujer y es recluido a 14 años de cárcel.
Pasados dos años se entera que existe “un tratamiento que te saca de prisión y hace que no vuelvas nunca más”. Lo consulta con el cura al que él ayuda en la cárcel y éste le comenta que se llama “Técnica Ludovico” y que, según lo que él tenía entendido, se encontraba en fase de experimentación y acarreaba ciertos peligros.
Asiste a la prisión el Ministro del Interior en busca de un prisionero que tenga las características para que el tratamiento le sea aplicado. Mientras observa la formación de prisioneros menciona que el sistema carcelario no sirve y que lo más efectivo es el “remedio científico” que consiste en “matarles el reflejo criminal”. Alex apoya al Ministro y logra ser elegido. Antes de retirarse de la cárcel se presenta ante el director, este le entrega un papel y le indica: “Firma ahí, en la cruz.”. Alex comienza a leer y el guardia le dice: “No lo leas, firma.”, el director anuncia: “Pone que aceptas someterte voluntariamente al tratamiento Ludovico a cambio de la conmutación de tu pena.”.
Una vez instalado en el Instituto es visitado por una doctora. Al ver que la enfermera que la acompaña está preparando una inyección, él pregunta: “¿Para qué es el picotazo?, ¿Van a dormirme?”, la doctora contesta que no, entonces él insiste: “¿Son vitaminas, entonces?” y le responde: “Algo así. Estás un poco desnutrido. Te vamos a inyectar después de cada comida”. Lo que le inyectan es “Serun”, sustancia que le hará sentir un gran malestar físico. Luego Alex consulta: “¿En qué consiste el tratamiento que voy a seguir?” y la doctora contesta: “Nada complicado. Te vamos a pasar unas películas”, alegremente Alex pregunta: “¿Cómo en el cine?” y ella dice que será algo parecido, ante lo cual Alex se muestra muy entusiasmado.
En la sala donde se llevará a cabo el tratamiento se lo sienta frente a una pantalla de cine, se le pone un chaleco de fuerza y se le coloca un aparato que le mantiene los ojos abiertos, impidiéndole, además, correr la vista de la pantalla. Proyectan imágenes con muchísima violencia: primero las observa con agrado pero luego empieza a sentir un terrible malestar físico. Concluida esa sesión, la doctora le comunica que el tratamiento se le aplicará en lo sucesivo dos veces al día. En una oportunidad, acompañando las imágenes, se escucha una parte de la novena sinfonía de Beethoven, músico que él admira, comienza a pedir a gritos que no involucren esa música, que no hagan que sienta ese malestar escuchando a Beethoven. El diálogo que se desarrolla en ese punto es el siguiente:
Dr.: Lo siento, Alex, esto es por tu bien. Tendrás que tener paciencia.
Alex: Pero no es justo que sienta nauseas oyendo al divino Ludwig van.
Dr.: Tendrás que aceptarlo chico, la decisión fue tuya.
Alex: No necesita seguir más. Ya me ha demostrado que la ultraviolencia y el asesinato son un error, un terrible error. He aprendido la lección, estoy curado. ¡Gracias a Dios!
Dr.: Aún no estás curado muchacho.
Alex: He visto el error. Está mal porque va contra la sociedad, está mal porque todo el mundo tiene derecho a vivir en paz (…)
Dr.: No, no, muchacho, deja eso en nuestras manos, puedes estar contento, en un par de semanas serás un hombre libre.
Alex no insiste, decide “aguantar” para poder ser libre más rápido.
Cuando dan por terminado el tratamiento exhiben los resultados en una demostración directa de la cual Alex participa. Al terminarla, el cura que pertenecía a la prisión objeta que el tratamiento no permite que el paciente sea libre y con capacidad de decisión que es, justamente, lo que lo hace una persona; a lo cual el ministro contesta: “Padre, esas son sutilezas, los motivos éticos no nos atañen, nuestra meta es suprimir la criminalidad y aliviar la tremenda congestión que hay en nuestras cárceles”
Consentimiento informado
1. ¿El profesional necesita saber si el paciente está conforme con llevar a cabo el tratamiento? ¿Quién debe encargarse de eso?
2. ¿El paciente puede conocer el tratamiento que se le aplicará?
3. ¿Debe conocerlo aunque no tenga la intención de ello?
4. ¿Puede firmar su conformidad sin leer de qué se trata aunque no quiera saberlo?
5. ¿Puede exigírsele a alguien recibir un tratamiento psicológico o psiquiátrico?
6. ¿Deben evacuarse todas las dudas que tenga acerca del mismo?
7. ¿Debe el paciente conocer en qué condiciones y de qué fases consistirá el tratamiento?
Finalización de la relación profesional - Autodeterminación
8. ¿Quién establece la frecuencia de determinado tratamiento?
9. ¿Quién determina la finalización de un tratamiento?
10. ¿Quién determina si el paciente está curado?
11. Luego de finalizado un tratamiento, ¿debe existir un seguimiento del paciente?
12. ¿El paciente debe estar al tanto cuando puede considerárselo “curado”?
13. ¿El paciente debe ser informado, durante el curso del tratamiento, sobre su estado?
14. ¿Puede un paciente renunciar a un tratamiento en cualquier fase en que éste se encuentre?
15. ¿Puede estar imposibilitado físicamente para abandonar el tratamiento cuando lo desee?
Divulgación
16. ¿El paciente puede ser expuesto en una demostración frente a otros profesionales?
17. ¿Bajo qué condiciones debe hacerse una presentación pública de los resultados obtenidos en un tratamiento?
18. Si el paciente participara en la presentación pública, ¿debe conocer en qué consistirá aquella?
Alcances del tratamiento
19. ¿Deben ser sometidas personas a un tratamiento en fase experimental?
20. ¿Pueden aplicarse métodos que generan malestares o daños físicos en pos de un tratamiento psicológico o psiquiátrico? Si es así, ¿existe un límite?
21. ¿Puede un tratamiento llegar a condicionar una conducta o actitud del paciente si el profesional lo cree conveniente?
Responsabilidad en las relaciones profesionales (con el consultante o paciente)
22. ¿El tratamiento puede estar guiado por las opiniones del profesional?
23. ¿El tratamiento puede perseguir un fin social?
24. ¿Qué debe priorizar el profesional: el bien común o el del paciente si estos llegaran a contraponerse?
25. ¿Quién está capacitado para decidir quién puede someterse a determinado tratamiento?
26. ¿quién decide que le hace bien al paciente?
Reseña sobre el estado del arte referido al “Consentimiento Informado”
En la gran mayoría de los Códigos de Ética de la psicología y medicina existen apartados dedicados al “consentimiento informado” y sus variantes, dentro de los diferentes campos de acción de estas profesiones: la terapia/tratamiento, la investigación, etc.
En general, con algunas diferencias, lo que se exige para poder hablar de “consentimiento informado” es que el profesional discuta con el paciente, en un lenguaje razonablemente comprensible las características del encuadre de la relación terapéutica, es decir: la naturaleza del tratamiento, su curso, los honorarios, los límites de la confidencialidad, la posibilidad de intervención de terceras partes, las alternativas posibles a dado tratamiento y sus riesgos. El psicólogo debe permitir que el paciente formule preguntas y presente sus dudas acerca del tratamiento y tratar de responder a todas ellas. Es decir, debe brindar información significativa acerca del procedimiento que se llevará a cabo. Es necesario que el sujeto que se someta al procedimiento tenga capacidad para consentir y que lo haga libre y voluntariamente, sin influencias indebidas. El objetivo es respetar y preservar la autonomía del sujeto.
Algunos de estos códigos presentan alguna información adicional como el de la American Psychological Association [1], se menciona explícitamente que este consentimiento debe estar documentado. En el Metacódigo de Ética de Federación Europea de Asociaciones de Profesionales en Psicología [2] especifica que el consentimiento debe darse antes y también durante la intervención psicológica. En el código de la Federación de Psicólogos de la República Argentina [3] tiene un apartado muy específico en el que aclara que las condiciones en las que el sujeto da su consentimiento incuben y son responsabilidad del profesional, siendo esta una obligación que no puede delegar.
Que se haya dado el consentimiento no quiere decir que el sujeto o el psicólogo, por considerar que no se está desarrollando de manera adecuada, no pueda interrumpir la intervención. Es responsabilidad del profesional que esto suceda si es necesario.
En los códigos también están mencionadas las situaciones en que este consentimiento no puede ser dado por el sujeto en cuestión ya que éste no está capacitado legalmente y, por esta razón, debe ser dado por su representante legal. Sin embargo, el profesional debe buscar el acuerdo con la persona involucrada y darle una explicación adecuada acerca del procedimiento, ya sean niños o personas con distintas limitaciones (emocionales o intelectuales). En los casos en que la justicia ordene el procedimiento y el paciente no dé su consentimiento debe existir el consentimiento del representante legal y la información debe ser reducida al mínimo indispensable. El profesional siempre debe velar por el bienestar del paciente.
El “consentimiento informado” no sólo debe existir cuando se vaya a iniciar una relación terapéutica sino también en las investigaciones, para hacer público algún aspecto de cierto procedimiento o cuando se trate de compartir información con terceros por una intervención. Estás dos últimas cuestiones atañen a otro punto de los códigos que es el “secreto profesional”.
En la investigación existe algo que relativiza el alcance del “consentimiento informado”: la consigna engañosa. En el texto sobre la experiencia de S. Milgram de Gabriela Z. Salomone [4] se trabaja esta relación.
En los códigos existen normativas acerca del consentimiento informado y el engaño en la investigación, desde el Código de Nüremberg de 1947 donde, refiriéndose a los experimentos permitidos, el primer artículo [5] dice que debe existir el consentimiento voluntario, con información suficiente sin engaño, fraude, coacción, superchería o fuerza. En los demás códigos, las características que presenta el consentimiento para la investigación son las mismas que están mencionadas en el Código de Nüremberg y las del consentimiento informado para la terapia pero la mayoría hace mención expresa al engaño, aunque no lo relacione explícitamente con el consentimiento.
Aclaran que, en ocasiones, el uso de consignas engañosas es necesario para los fines de la investigación pero que existen limitaciones precisas para su uso. Si se aplicara el engaño tiene que ser porque su importancia científica es relevante, no existen métodos alternativos, no causará daño físico o emocional al sujeto y debe ser siempre informado apenas sea posible, dándole al participante la posibilidad de evitar que sus resultados o aportes seas utilizados.
En estos casos, el experimentador debe hacerse responsable de que el participante de la investigación sea realmente capaz de dar su consentimiento, ya que es difícil que una persona pueda evaluar realmente los daños psicológicos que un procedimiento de este tipo puede causarle. El Código de Nüremberg [6] lo enuncia de esta manera: “La obligación y la responsabilidad de evaluar las condiciones en las que el sujeto da su consentimiento incumben a la persona que toma la iniciativa y la dirección de esas experiencias o que trabaja en ellas. Esta obligación y esta responsabilidad se asignan a esta persona, quien no puede delegarlas en ninguna otra, bajo pena de ser procesado.”.
En la viñeta trabajada, el consentimiento informado tal cual lo exigen los Códigos de Ética no existe. El sujeto firma, delante de autoridades de la prisión y no los profesionales en la salud, un consentimiento escrito forzadamente y sin leerlo, ya que se lo prohíben. Cuando hace preguntas acerca del tratamiento que le será aplicado recibe respuestas engañosas o parciales. El procedimiento implicará malestares físicos y la información de ello es evitada deliberadamente. Las consecuencias que tendrá el tratamiento no son explicitadas. Es decir, no puede hablarse de consentimiento voluntario, libre de influencias y contando con información significativa ni de supervisión por parte de los profesionales de las condiciones en las cuales este consentimiento se expresa. Además, durante el tratamiento no es respetado su derecho a abandonarlo o modificarlo. Los profesionales delegan en él la responsabilidad del consentimiento y la continuación del tratamiento diciéndole: “La decisión fue tuya” cuando él pide que suspendan cierta fase del tratamiento y afirma estar curado. Lo fuerzan a seguir hasta el momento que ellos creen conveniente sin que éste haya sido discutido de antemano.
Aunque en este caso, el sujeto deseaba someterse al tratamiento y lo continuaba porque le permitiría terminar su condena más rápido, no se cumplen las normas vigentes que podemos encontrar en los Códigos de Ética.
Bibliografía
Asociación Médica Argentina. Código de ética para el equipo de salud (2001)
Código de Ética de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA)
Código Ético Del Psicólogo. Sociedad Colombiana de Psicología (2000)
Código de Ética de la Federación de Psicólogos de la República Argentina (FePRA)
Código de Nüremberg. Normas Éticas sobre la experimentación en seres humanos (1947). Tribunal Norteamericano de Nüremberg
Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos, Colegio Oficial de Psicólogos (COP). Código Deontológico Del Psicólogo
Principios Éticos de los psicólogos y Código de conducta. American Psychological Asssociation, 2002 (2003)
Domínguez, M. E.: (2006) El consentimiento informado en la clínica con niños. En Paradigmas, Métodos y Técnicas. Memorias XIII Jornadas de Investigación. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires, 10, 11 y 12 de Agosto de 2006. ISSN: 1667-6750. Tomo III. Pág. 388-391. (Versión corregida y ampliada)
Salomone, G. Z.: (2007) “Ética y Responsabilidad. El Engaño en la Investigación y el Consentimiento Informado a la luz del Experimento de Stanley Milgram”, Práctica de Investigación: La Psicología en el ámbito jurídico. Reflexiones ético-clínicas a través de un estudio cualitativo de casos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

NOTAS
[1] Principios Éticos de los psicólogos y Código de conducta. American Psychological Asssociation, 2002 (2003). Normativa 3.10 Consentimiento informado, punto d)
[2] Metacódigo de Ética. Federación Europea de Asociaciones de Profesionales en Psicología. Normativa 3.13 Consentimiento informado y libertad de consentimiento, punto i)
[3] Código de Ética de la Federación de Psicólogos de la República Argentina. Normativa 1.2 del capítulo 1 Consentimiento informado
[4] Salomone, G. Z., “Ética y Responsabilidad. El Engaño en la Investigación y el Consentimiento Informado a la luz del Experimento de Stanley Milgram”, Práctica de Investigación: La Psicología en el ámbito jurídico. Reflexiones ético-clínicas a través de un estudio cualitativo de casos. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.
[5] Código de Nüremberg. Normas Éticas sobre la experimentación en seres humanos (1947). Tribunal Norteamericano de Nüremberg. Traducido al español por Juan Jorge Fariña. Normativa 1
[6] Código de Nüremberg. Normas Éticas sobre la experimentación en seres humanos (1947). Tribunal Norteamericano de Nüremberg. Traducido al español por Juan Jorge Fariña. Normativa 1

1. Letras prohibidas del Marqués de Sade








Título original: Quills
Philip Kaufman / Estados Unidos - Alemania / 2000









Reseña y ensayo breve sobre el film.



Marqués de Sade, escritor...

"Pongamos un poco de orden a nuestros placeres, 

sólo se goza programándolos". (Delbene en "Juliette") 
Dolmancé se admira que Eugenie, erotizada por sus palabras, 
pueda gozar mentalmente: "Mire, señora, mire como esa 
libertina se desahoga con la cabeza sin que uno la toque". 
("La Filosofía en el Tocador")

Comentarista de la obra del Marqués de Sade, Leopoldo Panero señala que siendo la palabra absolutamente exterior al hombre, lo mismo que la muerte, es por tanto inhumana, como la muerte misma. Pero al ser la palabra y la muerte lo que constituyen al hombre, lo inhumano es una instancia humana. Señala Panero que a Sade no le interesa reconciliar esta contradicción irreconciliable, sino servirse de ella.
El film que comentamos fracasa en poner "en escena" esta imposibilidad y termina deslizándose hacia un alegato moral por la libertad de expresión.
Producido en Estados Unidos, dirigido por Philip Kaufman, y basado en la obra teatral de Doug Wright, el film destaca algunos aspectos de la vida del Marqués de Sade durante su encierro en el Hospicio de Charenton.
Geoffrey Rush interpreta a un Marqués que se parece más a un mártir, víctima de la censura, que a un hombre tomado por su deseo de escribir.
Michael Caine, como el Dr. Roger Collard a quien el Ministro del Interior de Napoleón encomienda la tarea de acallar al licencioso escritor y supervisar la tarea del Sr. De Coulmier (Joaquín Phoenix) director del Hospicio, encarna la voz de la hipocresía y la represión, con instrumentos más "sádicos" que los del Marqués.
El Dr. Roger Collard: "un alienista distinguido, hombre de moral sólida, de carácter implacable con una determinación de hierro", y de quien el Marqués diría "tenemos los mismos gustos".
Resulta interesante el papel de Kate Winslet, quien protagoniza a Madeleine Lecrerc, joven amiga y escribiente del Marqués durante los últimos días de su vida, como aparece aquí retratada muestra lo que el erotismo debe más a la palabra que a lo imaginario del cuerpo.
Si bien "Letras Prohibidas" como película evidencia cierta vacilación y trastabilla, por otro lado reactualiza el interés que la obra del Marques de Sade despierta.
El nombre propio Sade es homónimo del antiguo vocablo francés, ya en desuso, sade, adjetivo que significaba amable, dulce, gentil y del cual derivaba el verbo sadaier, (acariciar, mimar), y el sustantivo sadaiement, (caricia, beso). Extraño destino para una palabra que pasaría a designar al erotismo en su forma más feroz. Tal vez la nueva significación, sadismo, ahoga en la historia a la antigua. Es en 1834, casi un siglo después del nacimiento del Marqués, que aparece en la octava edición del Diccionario Universal de Boiste: "Aberración espantosa del libertinaje, sistema monstruoso y antisocial que repugna a la naturaleza". En 1888 Krafft-Ebing incorpora este término a sus clasificaciones de patologías siquiátricas.
A lo largo de su vida Sade se ve envuelto en diversos escándalos. Los primeros, del orden de las prácticas sexuales perversas que luego lo harían conocido por sus escritos, le empiezan a tejer una fama que ni su elevada condición social permitiría ocultar. El episodio ocurrido con unas prostitutas de Marsella llega a dominio público y hace que Sade tenga que esconder su identidad y disimularla a los padres de las muchachas que toma a su servicio.
Contratadas para el placer, descubren que el Marqués solo puede acceder a él a costa de flagelarlas y obligarlas a aceptar terribles proposiciones, como blasfemar contra Dios durante el coito. Cuando el deseo se declara en voluntad de goce el placer se desvanece. Es el fantasma el que vuelve a convertir al placer apto para el deseo.
Una de las muchachas enferma gravemente al ingerir, a pedido del Marqués, grandes cantidades de bombones y caramelos con cantárida (una sustancia extraída de un coleóptero carnívoro con propiedades supuestamente afrodisíacas). Presenta entonces una denuncia por envenenamiento, que termina en una condena a muerte por "crimen de envenenamiento y sodomía", de la que Sade finalmente logra escapar huyendo a Italia.
El Marqués vuelve a Francia e instalado en su castillo de Mazan organiza las llamadas "partidas de placer", y si bien la realidad de su vida no alcanzó el nivel de las descripciones de su producción literaria, curiosos episodios ocurrieron en el "laboratorio del sadismo", ubicado en el primer piso del ala sur. Abundan en esa época las denuncias de flagelación. Su perversión adquiría una forma bastante "doméstica" que duraría por algún tiempo, pero que no por ello fue menos inquietante.
Lacan afirma en su escrito "Kant con Sade", (que estaba destinado a prologar "La Filosofía en el Tocador"), que Sade va más allá del límite del fantasma, pero se detiene en el punto en que se anuda el deseo con la Ley.
Si el deseo deviene en deseo de muerte es justamente por la relación dialéctica que existe entre el deseo y la Ley. Es así como el pecado adquiere un carácter desmesurado.
Rebasar los límites no es una apología naturalista de la liberación del deseo. Tal vez no sea más que una escritura desamarrada de la suposición de un lector. Si Sade superó el muro de la prisión fue con sus excesos de escritor, que desde el encierro hicieron política.
En 1777 Sade, luego de un altercado que alcanzó un cierto grado de violencia con gente contratada a su servicio, es arrestado y conducido a la Torre de Vincennes. Le escribe desde allí a su mujer: "La desesperación se apodera de mí, hay momentos que ya no me conozco en modo alguno. Mi sangre es demasiado bullente para resistir un tormento tan terrible" [1].
Es su suegra, la Sra. de Montreuil, la que no tarda en intervenir, tanto más por el escándalo en el que se ve envuelta su familia, que por el Marqués mismo. No obstante, se les atribuyó a ambos otro tipo de relación además de la familiar.
La hipótesis de un profundo desarreglo mental del Marqués le ofrecería posteriormente una salida.
Su segundo lugar de reclusión fue La Bastilla. Allí, como "preso de lujo", se hace llevar "40 cuadernos de papel, un frasco de tinta, 6 grandes plumas cortadas"2, y sus libros preferidos.
Sade siempre escribió y sus cartas lo testimonian, pero el paso a la escritura novelesca nace fundamentalmente en la situación carcelaria misma. La mayor parte de su producción literaria fue escrita en prisión, las escenas que el capricho de su erotismo le exigían no encontraban allí otro modo de expresión más que el de la escritura.
¿Cómo escribir? No solo Sade, también nosotros. Como afirma Panero, la imposibilidad es el tema de la escritura sadiana. No lo prohibido, sino lo inalcanzable. Toda escritura testimonia lo inalcanzable y suplencia lo imposible.
Política de la escritura, que es del exilio en Joyce, que es del encierro en Sade. Escritura que se niega a la división desarticulada entre lectura y escritura y que crea un lector. En el caso de Sade con novelas que no tienen otro argumento, al decir de Leopoldo Panero, que la repetición, con personajes opacos, descriptos por la dimensión de sus órganos sexuales, textos impublicables, publicados para no ser leídos sino mostrados.
Lacan señala la contemporaneidad de "La Filosofía en el Tocador" con la "Crítica de la Razón Práctica" de E. Kant, que apareció en 1788, a 7 años de su "Crítica de la Razón Pura" (1781) y 7 años antes de la citada novela de Sade; " ... en su extremo el mundo sadista es concebible... como una de las realizaciones posibles de un mundo gobernado por una ética radical, por la ética kantiana tal como esta se inscribe en 1788" [2]. En ambos la pregunta es por la Cosa, en cuyo horizonte se muestra el dolor. En la vecindad de la Cosa, Sade rebasa los límites. "Por encima de la moral, una erótica" [3] . Y qué es el placer, un límite a lo absoluto del goce.
Múltiples relaciones se establecieron entre la filosofía kantiana y la del "tocador". Agregaremos otra, como observación a título de curiosidad, el encierro. Por razones distintas, como aislamiento, podemos hablar de cierto "encierro" de Kant. Poco salió de su Koenisberg natal, en Prusia Oriental, incluso se afirma que bien poco salió de su casa.
En el encierro de Sade su producción literaria se convirtió en su "única escapatoria para la pasión, y propició que un afán de exceso hiciera retroceder los límites de lo posible, más allá de los sueños más insensatos que jamás hubiera engendrado el hombre" [4].
Lacan se refiere a Sade como un teórico un tanto pobre del erotismo. Las atrocidades que describe si bien aparecen enmarcadas dentro del terreno de lo sexual terminan velando, oscureciendo su posible función erotizante.
A la manera de los excesos que Lacan describe en el Seminario VII respecto de los mártires de la historia del cristianismo, (como aquellos que beben el agua con la que limpian los pies de los leprosos), es el goce el que sale a escena dejando poco margen al placer.
Su obsesión por las mediciones y por la enumeración de sus proezas sexuales y las de sus personajes parece confirmar su inclinación por los excesos y la mostración escénica.
En sus obras intentaba afirmar valores inaceptables, "la vida, según él, era la búsqueda del placer, y el placer era proporcional a la destrucción de la vida" [5]. Sus orgías, reales o de ficción, giraban en torno del control absoluto del semejante.
La lista de sus obras crece hasta que en octubre de 1788 cuenta con 15 volúmenes escritos, sin contar sus manuscritos clandestinos.
"Justine" fue editada con una serie de grabados obscenos. Para colocarlos Sade eligió pequeñas obreras de 14 años. Su "educación en la lujuria" fue puesta en práctica también en este acto. En el siglo XVIII los libertinos se ufanaban de practicar la perversión de los jóvenes a través de la literatura. "Los ciento veinte días de Sodoma se subtitula -La escuela del libertinaje-; -Los preceptores inmorales- es el subtítulo de La Filosofía en el Tocador" [6].
Sade estuvo mucho tiempo preso por sus malas costumbres, por los disturbios familiares, por sus actitudes políticas, pero el 6 de marzo de 1801, agentes de policía irrumpen en el local de su editor Nicolás Massé, donde se encontraba trabajando, y confiscan diversos manuscritos. Luego de algunas investigaciones lo encarcelan en la prisión de Sainte Pelagie. Para ello basta un argumento: "la infame novela de Justine, y la obra aún más espantosa de Juliette" [7].
Sade había adoptado con respecto a sus escritos una relación exhibicionista, su necesidad de darlos a conocer sobrepasó los límites de lo conveniente y puso en riesgo su vida, o puso su vida al servicio de la "mostración". "Justine" tenía como pie de imprenta una editorial holandesa y figuraba como de autor anónimo, pero todos sabían quién le había escrito y que provenía de una imprenta en París. El público de sus transgresiones "pronto se convertiría en la totalidad de la nación francesa [8].
Lo más escandaloso era para él el principal medio para procurarse placer. Quizá las "irregularidades" sexuales que se encargaba de presentar en sus obras desbordaron la condición de página impresa transformándola en el objeto de su placer.
Su reclusión toma cada vez más la forma de una internación psiquiátrica. Se le atribuyó un estado de "demencia libertina". En marzo de 1803, lo transfieren a la casa de salud de Bicetre. En abril a la de Charenton Saint Maurice. El director del Hospicio de Charenton, el Sr. De Coulmier (Joaquín Phoenix en el film) traba lo que se podría decir una amistad con él.
Su benevolencia hace que sea llamado al orden por el prefecto de policía Dubois, quien desde tiempo atrás persigue al Marqués con odiosa devoción.
El Marqués posee en el hospicio una habitación más que aceptable, provista de una biblioteca, cortinas, butacas y un escritorio de roble de ocho cajones construido por un ebanista especialmente para él, y todos los elementos necesarios para poder escribir. Además puede recibir visitas.
Pero la persecución llegaría incluso puertas adentro de su encierro: en 1806 una investigación hecha en su cuarto termina con la incautación de manuscritos que se declaran de "lectura repugnante". Es evidente que lo que preocupa a personajes de alcurnia y poder es la posibilidad de que Sade continúe escribiendo.
Más tarde el Ministro del Interior precisa en un documento que este detenido debe ser separado de los demás y que se debe tener el mayor cuidado "para impedirle todo uso de lápices, tinta, pluma, y papel" [9]. Sade se resiste, pero nada consigue hasta 1808, año en el cual el Sr. De Coulmier hace un informe en el que describe las virtudes de las obras de teatro escritas por Sade y su efecto "curativo" en el espíritu de los enfermos mentales allí internados. Se refiere a él como un "hombre capaz de mejorar en la escena a los alienados a los que quiere curar con este género de remedio" [10].
Durante un tiempo se convierte así en director de teatro, "es él quien indica las piezas, distribuye los papeles y preside los ensayos" [11].
Esta libertad que Coulmier le proporciona es aprovechada por Sade para reanudar cierta actividad libertina. En su Diario se observan signos que indican posibles encuentros sexuales en esta época. La última relación erótica, quizás amorosa, de su vida, fue la establecida con Madeleine Lecrerc (interpretada por Kate Winslet), joven lavandera y planchadora de 16 años, cuya madre trabajaba también el hospicio. En 1812 Madeleine empieza a hacerle visitas regulares que llegarían al número de 96. La última vez, 5 días antes de la muerte del Marqués.
Sade se convirtió en su maestro, le enseñó a leer, a escribir, a cantar y la instruyó en teatro. En una página de su Diario de 1814 diría: "Vino a las 12 y cuarto y se quedó hasta las dos, siempre fría, y cuando le hice reproches, me dijo que la causa de ello era esta casa, y que fuera de ella sería completamente diferente… Razona perfectamente sobre los amantes o las amantes y me aseguró que nunca había cometido una indiscreción sobre este punto" [12].
En la primavera de 1814 Napoleón abdicaba y Luis XVIII hacía su entrada en París. El Sr. De Coulmier dejaba un sucesor, el Sr. Roulhac de Maupas. El nuevo director no tendría ya la misma tolerancia.
El 2 de diciembre de ese mismo año Sade moría. Fue enterrado, sin respetar su pedido, con ceremonia religiosa, en las tierras de Charenton. Su deseo expresado en vida respecto del destino de su cuerpo no fue cumplido. Consistía en "verlo colocado, sin ningún género de ceremonias en un bosquecillo bien guarnecido. (…) En la fosa practicada en ese bosquecillo…una vez cubierta se sembrarán bellotas a fin de que posteriormente el terreno de dicha fosa se encuentre otra vez guarnecido de árboles y el bosquecillo como se encontraba antes, de suerte que los rastros de mi tumba desaparezcan de la superficie de la tierra, así como blasono que mi recuerdo se borre del espíritu de los seres humanos, salvo sin embargo del pequeño número de quienes han tenido a bien quererme hasta el último momento y de quienes me llevo mi recuerdo a la tumba" [13].
Sobre esta solicitud Lacan interpretó un anhelo de segunda muerte. Una muerte más absoluta, al servicio del trabajo de la naturaleza, que destruye para construir.
Para Panero la escritura es lo que hace posible lo imposible de la relación con el Otro, al abrigo de la muerte.
Memoria colectiva y memoria de nadie. La tumba también es una escritura.
El Castillo de Mazan, en Vancluse, terminó convertido en una casa de retiro, y en una placa en su entrada puede leerse, acaso al fin justamente: "Castillo del Marqués de Sade, copropietario de Mazan, escritor, 1740-1814".
(*) Publicado en elsigma.com, y una versión más abreviada también fue publicada en Psyché-navegante.com
Referencias
Jean, R. Un retrato del Marqués de Sade. El placer de la desmesura. España, Ed. Gedisa.
Panero, L. M. Prólogo a Marqués de Sade, Obras Selectas. España, Ed. Edimat.
Du Plessix Gray, F. Marqués de Sade. Una vida, Buenos Aires, Ed. Vergara.
Bataille, G. El erotismo. España, Ed. Tusquets.
Lacan, J. El Seminario, libro VII. Buenos Aires, Ed. Paidós.
Lacan, J. Kant con Sade. En Escritos 2. México, Ed. Siglo XXI.

NOTAS
[1] Jean, R. Un retrato del Marqués de Sade. El placer de la desmesura, pág. 116.
[2] Lacan, J. El Seminario Libro VII, pág. 98.
[3] Op. cit., pág. 104.
[4] Jean, R. Op. cit., pág. 186.
[5] Du Plessix Gray, F. Marques de Sade. Una vida, pág. 170.
[6] Jean, R. Op. cit., pág. 199.
[7] Op. cit., pág. 171.
[8] Op. cit., pág. 204.
[9] Op. cit., pág. 205.
[10] Op. cit., pág. 205.
[11] Op. cit., pág. 205.